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Educamos educándonos: La confianza
Las expectativas que la sociedad ha depositado sobre la escuela y, en especial, sobre la figura del docente, inciden en el trabajo cotidiano del aula. Por esto, la cuestión de la confianza se ha convertido en tema de reflexión en las reuniones con padres y docentes. Sin confianza no hay educación, ya que todo lo que puede llegar al alumno como positivo no encuentra la acogida necesaria para que lo pueda hacer suyo. Sin confianza, la persona carece de la vitalidad necesaria para integrar los distintos aspectos de la existencia. En este libro, el autor profundiza en torno a la confianza en la docencia, considerando distintos aspectos: la confianza en sí misma, en la formación moral, el crédito y la responsabilidad, en lo que tiene de aventura, como sostenedora de relaciones interpersonales, formas de sostener la confianza, entre otros. El trabajo está centrado en la observación de la propia actividad del autor, y se presenta como un proyecto para mejorar la educación actual. 153 páginas Formato: 14x21 ISBN: 9870900870
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Ser discípulo del Señor con el ejemplo de María
Los evangelios en numerosos pasajes presentan la imagen del discípulo. La describe en las actitudes de algunas personas, que más cerca están a Jesús, sobre todo María, la Madre del Señor. La vida de ella nos enseña como discípulos cual es el modo de acoger en nuestra vida al Maestro.

María de Nazaret, fue la primera y la más perfecta seguidora de Cristo, es realmente la "privilegiada".

Ella es ante todo "modelo" de tu ser catequista, porque se proclama la "esclava del Señor".

Esto de ser "esclavo" a es un aspecto esencial del ministerio de la Palabra. De allí la importancia de tener una auténtica devoción a María en el vivir cotidiano ante el Señor.

María: la esclava del Señor (Lc 1,26-38)

"A estas palabras María se turbó" (v. 29). Ante el saludo del ángel que le dice "privilegiada", María siente en sí misma una turbación profunda de quien descubre, improvisamente, que la propia vida está tomando una nueva dirección, imprevista y desconcertante.

Ella se interroga preguntándose el significado de todo esto, porque desea ser plenamente consciente en su decisión.

La Palabra de Dios es siempre, personal, decisiva, y por eso no podemos acogerla superficialmente. María es modelo del discípulo que profundiza la Palabra, porque siempre es un don del Señor.

No puedes leer la Palabra de Dios, mientras te preparas para el catecismo, sin sentirte implicado por el anuncio que el Maestro te hace en ese momento.

El discípulo es uno que escucha la Palabra del Señor y establece con el Maestro un diálogo directo, cara a cara, para luego extenderlo, enriquecido de vibraciones vitales, a todos los que encuentra.

María está atenta a captar todas las exigencias del proyecto de Dios, para hacer más responsable y completa su propia colaboración.

El "sí" de María a la colaboración en el plan de salvación es la entrega de todo su ser y de toda su vida a Dios.

"He aquí la esclava del Señor". El "sí" de Maria es el Sí de la dependencia absoluta, en la que reconoce la iniciativa gratuita de Dios no sólo en escogerla para ser la Madre de su Hijo, sino en toda su existencia.
Lo que hace María es anticipar a Jesucristo en el cumplimiento de la voluntad del Padre, y esta es la elección fundamental de todo discípulo. Sólo así María puede convertirse en signo y anuncio del don más grande de Dios:"Jesucristo".

Característica del esclavo es la total disponibilidad a la voluntad de su amo. Y el ser colaboradores del Señor siempre nos exige ser y estar disponibles a la voluntad de Dios.

Llamar a tu actividad catequística servicio, significa poner en evidencia no solamente el estilo de tu relación con los niños, o quienes el Señor te ha confiado, sino, ante todo, como es tu participación en la iniciativa de Dios, que exige siempre dependencia a sus proyectos.

Solamente así serás en tu ministerio de catequista en signo de las promesas y de los dones del Señor para los que te escuchan.

Como catequista pídele a Maria la gracia de poder decir: "Soy un esclava (o) del Señor..." sin pretender darle demasiada importancia a tu colaboración, porque en definitiva "No somos sino siervos. Hemos hecho lo que teníamos que hacer" (Lc 17, 10).'

El anuncio del ángel es para Maria una alegre noticia que no puede retener para sí, sino que "de inmediato" se pone en camino hacia la casa de Isabel.

En cuanto llega a la casa de Isabel, ésta, "llena del Espíritu Santo" (v. 42), la saluda reconociendo en María a la Madre de Dios.

Siempre es el Espíritu el que nos mueve hacia el encuentro con el Señor y nos permite reconocer su presencia y comprender su Palabra. Así sucede en el primer "anuncio catequístico" transmitido por la Virgen a Isabel.

Esto mismo se repite cada vez que les hablas del Señor a los niños, adolescentes, o a quien él te ha confiado.

Es importante reconocer que es el Espíritu quien realiza la acción en el corazón de los que te escuchan. La comprensión profunda de la Palabra no depende de ti sino del Señor.

María toma la palabra sobre todo, para cantar las obras maravillosas del Señor. El anuncio de la Virgen es expresión de alegría, oración y mensaje para quien lo escucha.

Hacer catequesis es esto; un modo de manifestar al Señor nuestro reconocimiento y alabanza junto con el grupo que El nos ha confiado.

Por otra parte, no podemos hablar de salvación, de perdón, del amor de Dios Padre, de gracia, sin sentir una profunda alegría.

Tu servicio de la Palabra debe tener siempre el tono alegre del canto de alabanza de María. (El Magnificat).

Jesucristo también encontró en su ministerio ocasiones para alabar al Padre: "Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque habiendo ocultado estas cosas a los hombres sabios y hábiles, se las has revelado a los sencillos" (Lc 10, 21).

No desaproveches estas circunstancias para hacer que los que el Señor te ha confiado se unan en la alabanza al Señor.

El Señor te pide que des testimonio de su acción, que, a pesar de nuestras in correspondencias e infidelidades, se convierte en proclamación de fidelidad a sus promesas.

 

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