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Educamos educándonos: La confianza
Las expectativas que la sociedad ha depositado sobre la escuela y, en especial, sobre la figura del docente, inciden en el trabajo cotidiano del aula. Por esto, la cuestión de la confianza se ha convertido en tema de reflexión en las reuniones con padres y docentes. Sin confianza no hay educación, ya que todo lo que puede llegar al alumno como positivo no encuentra la acogida necesaria para que lo pueda hacer suyo. Sin confianza, la persona carece de la vitalidad necesaria para integrar los distintos aspectos de la existencia. En este libro, el autor profundiza en torno a la confianza en la docencia, considerando distintos aspectos: la confianza en sí misma, en la formación moral, el crédito y la responsabilidad, en lo que tiene de aventura, como sostenedora de relaciones interpersonales, formas de sostener la confianza, entre otros. El trabajo está centrado en la observación de la propia actividad del autor, y se presenta como un proyecto para mejorar la educación actual. 153 páginas Formato: 14x21 ISBN: 9870900870
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El Rosario, la oración de los sencillos

Una vieja tradición hace de Santo Domingo su fundador. En realidad él recogió una costumbre ya existente, y la popularizó al usarla como un medio pastoral, pues "solía alternar la predicación de los misterios de la vida de nuestro Señor Jesucristo con el rezo de una serie de Avemarías para asegurar, por intercesión de la Virgen, la eficacia de su predicación"[1]. Poco antes de él, al inicio del s. XII, se difundió en occidente la costumbre de usar como oración el saludo del ángel a María, unido al de Isabel (Lc 1, 28.42). Por el mismo tiempo se usaba ya que los cristianos iliteratos recitaran 150 "padrenuestros" divididos en tres secciones (mañana, tarde y noche), en correspondencia a los 150 salmos de la Liturgia del Breviario. Era el "Breviario de los iliteratos". Poco a poco se introdujo como alternativa la recitación del saludo angélico (aún sin la oración "Santa María, Madre de Dios", que se añadió en el s. XV).

En realidad el rosario tuvo varias formas en la historia. En sus orígenes (así lo hizo S. Domingo), era una "catequesis con María": para contrarrestar la difusión de la herejía albigense (versión medieval del maniqueísmo, que enseñaba el dominio del mal sobre el mundo), se predicaban con amplitud las verdades de nuestra redención, y luego se daba un descanso para asimilarlas en la meditación, mientras se rezaban o cantaban las Avemarías. Poco después de la muerte del Santo, un discípulo suyo, el mártir San Pedro de Verona, fundó las "fraternidades marianas", cuya espiritualidad utilizaba el rezo del rosario, con la finalidad de "confirmar a los cristianos en la fe por medio de María"[2].

En el s. XV se dividió éste en las tres partes de 50 unidades, las que se fueron estructurando de modo que sirviesen más sistemáticamente para asimilar el evangelio: un monje de Colonia hizo una lista de 50 frases que aludían a otras tantas enseñanzas evangélicas, que brevemente se enunciaban a cada "Avemaría", para que mediante el rosario los fieles fuesen conociendo la verdad revelada. A fines del mismo siglo se añadió la oración "Santa María", y se dividieron las tres partes de 50 unidades en cinco "misterios" cada una, de manera que a través de ellas se meditasen los principales eventos gozosos, dolorosos y gloriosos de nuestra salvación. Es la forma como se acostumbraba cuando el Papa Pío V (devoto del rosario, como buen religioso dominicano) con la Bula Consueverunt Romani Pontífices (1569) aprobó su práctica como una forma de oración muy apta para toda la cristiandad.

En la Carta apostólica Rosarium Virginis Mariae hace una reflexión acerca de esta oración reiterando la enseñanza de la Iglesia al respecto y, también, incorpora los Misterios de Luz: "... considero oportuna una incorporación que (...) les permita contemplar también los misterios de la vida pública de Cristo desde el bautismo a la pasión. (...) Durante su vida pública es cuando el misterio de Cristo se manifiesta de manera especial como misterio de luz: "Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo" (RVM 19).[3]

 
ico_editoria ¿Por qué lo llamamos "Rosario"?
Rosario significa "jardín" o "corona de rosas". A María Santísima le honra y le agrada el aroma de la corona de rosas espirituales que es el Rosario. Esta sublime plegaria mariana está constituida por las oraciones más excelentes: el Padrenuestro (fundamento de la oración cristiana), el Avemaría (repitiendo ciento cincuenta veces el saludo del ángel a la Virgen y las alabanzas de su prima Isabel, junto con la rogativa de la Iglesia) así como el Gloria que es alabanza y glorificación a Dios Uno y Trino.

ico_editoria ¿Cómo debe ser rezado? ¿Qué disposiciones?

Pero el rezo del Rosario, para ser efectivamente una oración con fruto, debe incluir igualmente la contemplación, compaginando la oración vocal con la meditación de los misterios de la salvación y que son los que nos ayudan a vivir los dolores y gozos de la vida, según el modelo de Jesús y María.
Hay un peligro: la terrible rutina que puede llevarnos a rezar el Rosario de forma distraída y monótona, con lo cual perderemos un sinnúmero de gracias. Debemos, pues, estar atentos para no malgastar el tiempo rezando con descuido y por costumbre, más que por un verdadero amor a nuestra Madre Santísima. Finalmente será sobre todo el amor a María lo que no nos dejará caer en la fácil monotonía.

ico_editoria Petición de la Virgen...

La Virgen Santísima ha pedido el rezo del Rosario en sus diversas apariciones: Lourdes, Fátima y más recientemente, Medjugorje, evento éste último que está siendo atentamente estudiado por las autoridades de la Iglesia.

El Rosario es una síntesis admirable de todo el evangelio, meditación de los pasos del Señor y Su Madre. Corona de rosas, himno de alabanza, oración sencilla de la familia, compendio de vida cristiana, prenda segura del favor celestial a la hora de la muerte-el Santo Rosario es todo esto y más.


________________________________________
[1] A. ROYO MARIN, La Virgen María, Madrid, BAC, 1968, p. 460
[2] E. ROSSETTI, Il rosario, preghiera e sintesi della fede, en AA VV., La Madonna nella professione..., p. 139. El mismo autor nos dice en la p. sgte. que esta finalidad era muy clara en la liturgia original de la Misa, en la fiesta de Ntra. Sra. del Rosario, pues en la lectura del Evangelio se usaba la parábola del sembrador.
[3] Aclaración de abreviaturas:
- MC Marialis Cultus, Exhortación apostólica de Pablo VI, 2 de febrero 1974.
-RVM Rosarium Virginis Mariae, Carta apostólica de Juan Pablo II, 16 de octubre 2002.


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