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Educamos educándonos: La confianza
Las expectativas que la sociedad ha depositado sobre la escuela y, en especial, sobre la figura del docente, inciden en el trabajo cotidiano del aula. Por esto, la cuestión de la confianza se ha convertido en tema de reflexión en las reuniones con padres y docentes. Sin confianza no hay educación, ya que todo lo que puede llegar al alumno como positivo no encuentra la acogida necesaria para que lo pueda hacer suyo. Sin confianza, la persona carece de la vitalidad necesaria para integrar los distintos aspectos de la existencia. En este libro, el autor profundiza en torno a la confianza en la docencia, considerando distintos aspectos: la confianza en sí misma, en la formación moral, el crédito y la responsabilidad, en lo que tiene de aventura, como sostenedora de relaciones interpersonales, formas de sostener la confianza, entre otros. El trabajo está centrado en la observación de la propia actividad del autor, y se presenta como un proyecto para mejorar la educación actual. 153 páginas Formato: 14x21 ISBN: 9870900870
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La catequesis y las adicciones
En numerosas oportunidades, a quienes trabajan en catequesis de preadolescentes, adolescentes y jóvenes, se les presenta el problema de las adicciones. Puede suceder que detecten algún miembro del grupo o amigos de los miembros del grupo que están pasando por esa situación o que los participantes reclamen la necesidad de abordar el tema.

Hay muchas y variadas formas de hacerlo; el mejor camino es dedicar un tiempo a ver la realidad, luego proponer un texto del evangelio que elegiremos de acuerdo con el aspecto que deseemos subrayar (por ejemplo, referido al hombre nuevo liberado de toda esclavitud) y terminaremos con un compromiso personal y grupal para hacer frente al tema.

En este espacio de reflexión, brindaremos algunas sugerencias para tener en cuenta a la hora de hacer precisiones, aconsejar y orientar.

ico_editoriaCómo ayudar a un adicto

Para poder ayudar a un adicto hay que tener en cuenta que son personas que están pasando por una crisis emocional y hay que tomar conciencia de que el alcohol y la marihuana (por citar los casos más habituales de consumo) son drogas y, por más que estén aceptadas o toleradas en algunos ámbitos de la sociedad, son un mal en sí mismo y, además, pueden llevan al consumo de otras drogas más duras.

El adicto es una persona en crisis y negará su adicción o, simplemente, dirá que la controla.

Ciertamente no sólo no la controla sino que, lamentablemente, no puede controlar casi ningún aspecto de su vida. Por eso, se negará a recibir ayuda, aunque la pida, casi inconscientemente, de muchas maneras. Si pretendemos darle una mano nos dirá y pensará que él solo puede salir. Entonces, nos prometerá cosas que no va a cumplir y nos mentirá de una y mil formas posibles.

Es verdad que las ganas de cambiar tienen que salir de la persona afectada, pero no se puede esperar cuando su vida se derrumba. Muchos jóvenes se mueren sin tomar la decisión de cambiar y de superar la adicción en la que han caído.

Es allí donde el catequista debe intervenir haciendo una propuesta de encarar un tratamiento brindándole la seguridad del acompañamiento. Inclusive no es malo ejercer presión para que comience a tratarse, pero nunca hay que negociar algo a cambio.

No hay que darle dinero y debemos establecer límites claros: que respete los horarios de llegada a su casa, a su trabajo (si lo tiene) y a los lugares de estudio.

Deben dársele responsabilidades y estar cerca para que las cumpla. Hay que evitar los ambientes y las amistades nocivas.

Y si no entra en razones, hay que insistir amorosa y enérgicamente.
Cuanto antes hay que consultar con un buen centro de asistencia de las adicciones y no hay que creer que la internación es el único camino (muchas veces es un negocio); en el 70% de los casos, fracasa.

El adicto tiene que darse cuenta de que la droga le trae problemas y eso hay que hacérselo ver; sólo así podrá empezar el camino para dejar su adicción. Busquemos ayuda profesional pero nunca lo dejemos solo; y actuemos rápido porque cada día que pasa es peor.

 

ico_editoriaPara seguir pensando

- ¿Detecto alguna situación irregular que me puede hacer sospechar que hay adolescentes y jóvenes con problemas de adicción en la parroquia, el colegio o el barrio?

- ¿Conversamos del tema con otros catequistas, los sacerdotes y religiosas que acompañan nuestra tarea?
- ¿Nos preocupa el tema e intervenimos o lo dejamos de lado para que se ocupen los especialistas?

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